Crédito social

Nadie imaginaba cómo vivían los humanos sin un crédito social, pensar que antes los créditos eran otorgados en base a un historial de compras y pagos oportunos se torna obsoleto y lo es, las tecnologías predominantes de la actualidad permiten con un simple escaneo de retina acceder al historial de vida de la persona, determinar las redes sociales de interacciones y a través de ellas determinar el grado de confianza de la persona; la IA ha facilitado muchos de estos avances. 

Cada persona ahora tiene un identificador asociado a un valor de crédito social que es intransferible, encriptado e ininteligible para los humanos. El valor lo determinan los programas informáticos, estos han dejado en claro a través de los años la confiabilidad de los valores otorgados, puesto que consideran muchos más factores que solo la puntualidad de los pagos, los humanos han identificado algunos de estos factores, pero siguen averiguando los demás, algunos son: ingresos, ascendencia biológica, información genética, riesgos del trabajo, interacciones sociales con familia, amigos, compañeros, predisposición a ejecutar tareas, abnegación, temores, etc. 

Los programas informáticos reducen las tareas de aprobación de créditos hipotecarios, de automóvil, adquisición de seguros médicos, seguros de extremidades, seguros de enfermedades mentales, entre otros y determinan los tabuladores que cada persona debe pagar por el riesgo que supone. 

El crédito social es apto de «presunción» para los humanos, pero quienes ceden a estos impulsos ven una disminución de su crédito social, de forma tal que las personas han aprendido a mostrar humildad ante ésta nueva era y poco a poco la humildad se ha ido tornando en genuina. 

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