La tecnología y la salud

Hace unos días leía un post en Facebook, a continuación te cuento.

Un usuario llama por teléfono a una pizzería, le responde un operador de Google argumentando que ha comprado la cadena de pizzas, el operador enseguida pregunta al usuario si el pedido va ser a la misma dirección que ha pedido las últimas 12 pizzas, el usuario responde que si y que desea ordenar la misma pizza, a lo que el operador le sugiere otra pizza con ingredientes más saludables, puesto que nota que los datos del usuario no indican un estilo de vida saludable y tambien observa que el usuario no ha acudido a sus citas médicas ni comprado la medicina correspondiente.

La historia continúa de forma graciosa, en la que el usuario queda desconcertado la cantidad de datos que tienen de él, dejo aquí el enlace para leerlo completo, para dar paso a la parte medular del presente artículo.

Es un hecho innegable que las compañías tecnológicas cada día están en búsqueda de nuevos métodos o estrategias para tener una mayor número de datos de los usuarios y generar con estos, nuevos productos o desarrollos tecnológicos, uno de estos campos emergentes es el tema de la salud.

La parte introductoria de la conversación, cobra relevancia por distintos aspectos: la forma de obtención de los datos, el cuidado de estos datos, el tratamiento que realiza a los datos, el resultado final del procesamiento de estos datos, vayamos por partes.

Obtención de datos

Algunas compañias tienen una forma fácil o menos difícil de tener acceso a ciertos datos relacionados con la salud de los usuarios, en mayor o menor medida, un ejemplo de estos es Nike, que a través de su app, puede tener acceso a los datos de los usuarios, realizando el seguimiento deportivo.

Otra compañia que lo tiene «fácil» es Apple, mediante su app Salud, con la que se puede sincronizar el Apple Watch y otros dispositivos de terceros.

Google tambien cuenta con la app Google Fit, mediante la cual el usuario puede llevar un registro de su actividad deportiva e incluso de desplazamientos sin incurrir en actividades de mayor demanda.

¿Que datos se pueden obtener?

Una de las puertas de entrada que ha tenido mayor popularidad en la recolección de datos de los usuarios en cuanto a su actividad física, han sido los smartwatches, que usados de forma voluntaria por los usuarios suministran información como:

  • Patrones de comportamiento
  • Periodos de tiempo
  • Lugares de desplazamiento
  • Tiempos de desplazamiento
  • Frecuencia cardíaca
  • Talla y peso
  • Horarios de sueño
  • Calorías consumidas en el día

Estos son solo algunos datos, que pueden variar en función incluso del dispositivo que se emplee, pues los más avanzados dispositivos de monitoreo de actividad física, pueden incluir datos como altitud, presión atmosférica, acelerómetro, giroscopio, entre otros.

¿Es la única forma en que se obtienen datos referentes a salud?

Desafortunadamente no, la recopilación de datos a través de smartwatches está apenas comenzando, sin embargo, desde antes ya ha existido una recopilación de datos a través de cookies que pueden almacenar datos y ser compartidos con terceros, entre ellos los gigantes tecnológicos, algo curioso en este punto es que compañias pequeñas recopilan datos de los usuarios y posteriormente comparten estos datos con los gigantes tecnológicos como Google, Amazón, Facebook y Oracle, tal como lo expuso el diario Financial Times en una investigación realizada.

Personal de el diario Financial Times analizó los tipos de datos que estaban siendo compartidos después de haber dado el consentimiento de almacenar las cookies de los sitios que lo solicitaron. En el análisis descubrieron que las políticas de privacidad no describían adecuadamente los datos confidenciales que se compartirían con terceros o con que fines se realizaría.

Dentro de los datos que fueron compartidos se identificaron:

  • Nombres de medicamentos
  • Síntomas médicos
  • Información menstrual
  • Información de fertilidad
  • Búsqueda de medicamentos restringidos

Mediante el análisis se identificó que el uso principal que se le dio a estos datos fue el de publicidad o marketing.

Las empresas que tuvieron acceso a esta cesión de datos fueron principalmente: Google (nombres de medicinas); Facebook (Sintomas, diagnosticos recibidos, conceptos como sobredosis); Amazon (Información del ciclo menstrual y de ovulación); Scorecard Research (palabras clave como enfermedad cardiaca).

¿Cual es el riesgo de compartir datos?

Sin ánimo de entrar en un estado de paranoia, conviene hacer una diferenciación entre los tipos de datos que se podrían compartir y el riesgo en cada uno de ellos.

Datos anónimos

Implicaría compartir datos de forma anónima que pudieran servir a organismos o entidades de cierta región para prevenir o tomar acciones correctivas a algunas afecciones que sean de interés a las personas en la zona.

Imaginemos que en cierta región se identifica un incremento en la búsqueda de «síntomas de dengue»; esto permitiría a organismos de salud emprender campañas informativas que evite el pánico en la sociedad, brindando información oportuna; de manera paralela podría ofrecer módulos de atención para los casos positivos.

Este tipo de datos, sin la asociación de datos personales podría ser bueno, pues no implica un mayor riesgo, dado el anonimato que llevan los datos.

Datos personales privados

La exposición de este tipo de datos es la que genera mayor riesgo, pues permitiría identificar afecciones precisas de personas; dicha exposición coloca a la persona en una situación de vulnerabilidad ante personas que le quieran causar daño.

En este ejemplo podemos considerar una persona adulta que periódicamente compra medicinas para alguna alergia que padece; si además del medicamento requerido, queda expuesto el nombre de la persona, ubicación, teléfono, o algún otro dato personal, el riesgo es tan elevado que incluso podría derivar en un ataque directo a la persona, pues se conocería la alergia que tiene.

¿Qué podemos hacer?

  • Precaución: Considero que la precaución es una de las mejores formas de protegernos.
  • Informarnos: Las políticas de privacidad que incorporan (o deberían incorporar) los sitios web deben ser claros en cuanto a la información compartida e informar al usuario la forma en que su información será compartida.
  • Legislar: Cuando se trata de datos, es necesario impulsar una legislación que como usuarios finales nos proteja de usos indiscriminados de nuestra información, por parte de grandes entidades.
  • Evitar compartir todo: En los tiempos actuales es un tanto difícil no dejarse llevar por las tendencias y una de ellas es la compartición indiscriminada; sin embargo, tratándose de un tema de salud conviene preguntarse, cuanto de lo que compartimos nos colocaría en una situación desfavorable en un futuro.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *